KALABONGÓ / LUCIERNAGA

La libertad habita el corazón de la memoria. Kalabongó vuela entre la noche oscura, atraviesa pantanos y aguas de ríos para protegerse, atraviesa maleza y bosques, desafiando la noche oscura que reprime la luz que surge de su corazón; busca entre las tinieblas la unión de muchas luces que titilan. Flotan entre la nada oscura, buscando un lugar para ser luz, para ser libres.

Traído en 1599 como esclavizado africano, Benkós Biohó corrió en medio de la noche con cuatro hombres, su esposa y tres mujeres más. Huyeron junto a esclavizados de otros lugares en un número de treinta. Buscaban autonomía, territorio y libertad, según lo narró Fray Pedro Simón. En algunos lugares aún recuerdan que los cimarrones volaban sobre las tierras en los tiempos de lucha, enfrentando tropas y defendiendo a los pobladores que durante años habitaron caseríos móviles. Luego de los enfrentamientos a la Corona, en 1605 se les otorgó un año de paz, tratado que se considera el primero pactado en lo que hoy es Colombia. Ese año de paz, fue la semilla de lo que hoy es Palenque. Familia, religión e idioma, vuelan entre la luz del día, recordando que la oscuridad de la noche es la cómplice de la libertad.

“La herencia africana de la libertad es uno de los legados más significativos de la historia americana.”(Guerrero)

“El proceso individual del cimarronaje se inicia en el momento en que la rebeldía se instala en el corazón y la cabeza de cualquier africano o criollo esclavizado con la fuerza suficiente para que éste tome la decisión, en un principio, de huir y, luego, de alzarse en rebelión con otros como un acto colectivo que se convierte en político.” (idem)

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